viernes, 7 de febrero de 2014

Bestiario Particular: Cartografía mito-filosófica de Vladimir Rodríguez en La Habana (Antonio Enrique González Rojas)










  Desde las prístinas etapas de la evolución del homo sapiens, el pensamiento complejo fue motivado en el ser humano, en gran medida, por la necesidad de equipararse como especie con el contexto, las más de las veces antagónico, donde desarrollaba su vida cotidiana, desde el conocimiento del complicado entramado de sus causas y efectos. Para comprender esta dialéctica totalmente  desconocida, el primitivo sólo contaba con el limitado arsenal referencial de su corta experiencia vital: él, sus semejantes, los animales, las armas y otros utensilios primigenios, las plantas, el fuego, la roca, el agua; por lo cual los primeros modelos coherentes, dialécticos, del cosmos, partieron de la antropomorfización-zoomorfización-fitomorfización de las abstractas energías/factores naturales.
  Incapaz en esos tiempos de abstraer su pensamiento hasta el umbral de los arquetipos platónicos, necesitado perentoriamente de conocer tales fuerzas ignotas, so pena de enloquecer de miedo ante sus embestidas cotidianas, el ser humano realizó este inicial ejercicio de poder sobre las cosas y fenómenos: conocerlas para entablar relaciones con ellas desde una posición de paridad/superioridad, nunca desde el miedo supino que allana el camino a la locura.
  Inicióse entonces el desarrollo del pensamiento religioso-filosófico, desde el empleo instintivo de recursos como la metáfora, la metonimia, la sinécdoque y el símil, partiéndose del arsenal referencial, las prácticas textuales depositadas (según explica la semiótica textual), engarzando la fenomenología de lógicas otras, ajena por completo a la naturaleza humana, en modelos consecuentes con su limitada percepción. La complejización del pensamiento, dado por el desarrollo de la capacidad de abstracción, superó la etapa mitopoética, mágico-religiosa, que siguió su camino hacia la libre elucubración del Arte, permaneciendo no obstante vigoroso en la cosmovisión de numerosas comunidades geográficas y culturales. Lograron intuirse las relaciones dialécticas entre factores amorfos, despojados ya de características humanas, como los dioses, demonios y otros seres “sobrenaturales”.
  Precisamente, tal amplísimo y azaroso sendero, pletórico aún de bifurcaciones y tramas paralelas, tantas como imbricaciones lógicas existan, es el concepto subyacente en la exposición escultórica-instalativa, de sino enviromental, Bestiario Particular, concebida por el creador cienfueguero Vladimir Rodríguez, como fragmento de singular independencia significativa de su gran meta-obra: En el Polvo..., desde el Polvo... y sobre el Polvo de Nuestra Era. Inaugurada el 1ro. de noviembre en la Casa Benito Juárez, de La Habana Vieja, donde permanecerá hasta el 31 de diciembre, en esta muestra específica se reconjugan siete esculturas de impactante visualidad, representativas cuatro de ellas (Quetzalcoatl, Ibeyis, Cíclope, Unicornio) de mitificaciones muy caras a diversas culturas humanas, como primarias alegorías orgánicas de diversos conceptos y procesos filosóficos y metafísicos, presentidos algunos, concientizados los otros. Las restantes tres (de la serie Homosabios) constituyen metáforas personales de la abstracción alcanzada por el pensamiento humano avanzado, desde la correlación entre la osamenta humana y determinados trazos geométricos: espiral, líneas quebradas por ángulos rectos y ángulos agudos.  
  Las figuraciones basadas en el patrimonio mitopoético apelan, en el caso de los gemelares Ibeyis afrocubanos, a una de las primeras nociones dialécticas planteadas al ser humano en su bregar, tanto pragmático como idealista: oposición e interdependencia de principios contrarios. La divergencia de factores como Bien-Mal, Luz-Sombra, Hombre-Mujer, determina su propia connotación filosófica, su propia definición significativa dentro de la cosmovisión de la especie y el propio cosmos trascendental. Estos opuestos (a la vez que unidos en eterna simbiosis físico-filosófica), propician a su vez el desarrollo de la percepción del ser racional en tanto ente definido por su libre albedrío, capaz de discernir entre las diversas opciones vitales que constantemente aparecen a lo largo de su existencia. Dichos estratos, polos, planos, esferas, se complementan, dialogan gracias a las ramas, fuste y raíces del Árbol del Mundo o de la Vida, escala dialéctica apelada por el vasto cuerno del Unicornio, cuyas seis elongaciones referencian los simbólicos seis días en lo que sucedió la Creación, articulado el universo la séptima jornada. El sesgo numerológico, cabalístico, de esta pieza, es reforzado por las cinco colas, las cuales, sumadas a la cornamenta, aluden al 11.
  La perenne tangencialidad, de tanto optar por senderos alternos a una ideal línea conductual evolutiva, provoca un transcurrir espiraloide, recreado en la forma del héroe cultural azteca Quetzalcoatl (de inquietante presencia bajo otros nombres en disímiles civilizaciones, como la maya, la inca y la polinesia) y los cuernos torcidos del Cíclope, vistos estos últimos como el peso kármico ineludible del proceso, sintetizado finalmente en uno de los Homosabios, donde se grafica la aprehensión consciente del ser humano de este periplo vital, cuya madeja dialéctica lo connota como entidad determinante, si bien nunca omnisciente, de su propia suerte.
  Los dos restantes Homosabios prefiguran espirales tan alternativas e íntimas como pueden ser las tendencias (meta)filosóficas generadas por el pensamiento, coincidentes, excluyentes, complementarias a la larga, pletóricas de divisiones y constantes derivaciones de intensidad fluctuante, mas, nunca de impecable rectitud hacia lo Absoluto inconmensurable, nirvánico que (quizás) aguarda al final de la espiral circular, de ángulos agudos o rectos.
  Vladimir establece así, con Bestiario Particular, una cartografía filosófica de peculiar abstracción poética, donde se pueden dilucidar los diferentes status evolutivos del patrimonio gnoseológico de la especie, no como etapas superadas unas por otras (la metáfora, por la abstracción), sino como la convivencia orgánica, dialéctica, entre pensamiento asociativo y pensamiento abstracto, poesía y filosofía, arte y lógica, tal como interactúan en la mente humana de la cual no ha sido desechada ninguna.