Desde las prístinas etapas de la
evolución del homo sapiens, el pensamiento complejo fue motivado en el ser
humano, en gran medida, por la necesidad de equipararse como especie con el
contexto, las más de las veces antagónico, donde desarrollaba su vida
cotidiana, desde el conocimiento del complicado entramado de sus causas y
efectos. Para comprender esta dialéctica totalmente desconocida, el primitivo sólo contaba con el
limitado arsenal referencial de su corta experiencia vital: él, sus semejantes,
los animales, las armas y otros utensilios primigenios, las plantas, el fuego,
la roca, el agua; por lo cual los primeros modelos coherentes, dialécticos, del
cosmos, partieron de la antropomorfización-zoomorfización-fitomorfización de
las abstractas energías/factores naturales.
Incapaz en esos tiempos de abstraer
su pensamiento hasta el umbral de los arquetipos platónicos, necesitado perentoriamente
de conocer tales fuerzas ignotas, so pena de enloquecer de miedo ante sus
embestidas cotidianas, el ser humano realizó este inicial ejercicio de poder sobre
las cosas y fenómenos: conocerlas para entablar relaciones con ellas desde una
posición de paridad/superioridad, nunca desde el miedo supino que allana el
camino a la locura.
Inicióse entonces el desarrollo
del pensamiento religioso-filosófico, desde el empleo instintivo de recursos
como la metáfora, la metonimia, la sinécdoque y el símil, partiéndose del
arsenal referencial, las prácticas textuales depositadas (según explica la
semiótica textual), engarzando la fenomenología de lógicas otras, ajena por
completo a la naturaleza humana, en modelos consecuentes con su limitada
percepción. La complejización del pensamiento, dado por el desarrollo de la
capacidad de abstracción, superó la etapa mitopoética, mágico-religiosa, que
siguió su camino hacia la libre elucubración del Arte, permaneciendo no
obstante vigoroso en la cosmovisión de numerosas comunidades geográficas y
culturales. Lograron intuirse las relaciones dialécticas entre factores amorfos,
despojados ya de características humanas, como los dioses, demonios y otros
seres “sobrenaturales”.
Precisamente, tal amplísimo y
azaroso sendero, pletórico aún de bifurcaciones y tramas paralelas, tantas como
imbricaciones lógicas existan, es el concepto subyacente en la exposición
escultórica-instalativa, de sino enviromental, Bestiario Particular, concebida por
el creador cienfueguero Vladimir Rodríguez, como fragmento de singular
independencia significativa de su gran meta-obra: En el Polvo...,
desde el Polvo... y sobre el Polvo de Nuestra Era. Inaugurada el 1ro. de noviembre en la Casa Benito
Juárez, de La Habana
Vieja, donde permanecerá hasta el 31 de diciembre, en esta
muestra específica se reconjugan siete esculturas de impactante visualidad,
representativas cuatro de ellas (Quetzalcoatl,
Ibeyis, Cíclope, Unicornio) de mitificaciones muy caras a diversas culturas
humanas, como primarias alegorías orgánicas de diversos conceptos y procesos
filosóficos y metafísicos, presentidos algunos, concientizados los otros. Las
restantes tres (de la serie Homosabios)
constituyen metáforas personales de la abstracción alcanzada por el pensamiento
humano avanzado, desde la correlación entre la osamenta humana y determinados
trazos geométricos: espiral, líneas quebradas por ángulos rectos y ángulos
agudos.
Las figuraciones basadas en el patrimonio mitopoético apelan, en el caso
de los gemelares Ibeyis afrocubanos, a
una de las primeras nociones dialécticas planteadas al ser humano en su bregar,
tanto pragmático como idealista: oposición e interdependencia de principios contrarios.
La divergencia de factores como Bien-Mal, Luz-Sombra, Hombre-Mujer, determina
su propia connotación filosófica, su propia definición significativa dentro de
la cosmovisión de la especie y el propio cosmos trascendental. Estos opuestos (a
la vez que unidos en eterna simbiosis físico-filosófica), propician a su vez el
desarrollo de la percepción del ser racional en tanto ente definido por su
libre albedrío, capaz de discernir entre las diversas opciones vitales que
constantemente aparecen a lo largo de su existencia. Dichos estratos, polos,
planos, esferas, se complementan, dialogan gracias a las ramas, fuste y raíces
del Árbol del Mundo o de la Vida,
escala dialéctica apelada por el vasto cuerno del Unicornio, cuyas seis elongaciones referencian los simbólicos seis
días en lo que sucedió la
Creación, articulado el universo la séptima jornada. El sesgo
numerológico, cabalístico, de esta pieza, es reforzado por las cinco colas, las
cuales, sumadas a la cornamenta, aluden al 11.
La perenne tangencialidad, de tanto optar por senderos alternos a una
ideal línea conductual evolutiva, provoca un transcurrir espiraloide, recreado
en la forma del héroe cultural azteca Quetzalcoatl
(de inquietante presencia bajo otros nombres en disímiles civilizaciones, como
la maya, la inca y la polinesia) y
los cuernos torcidos del Cíclope,
vistos estos últimos como el peso kármico ineludible del proceso, sintetizado finalmente
en uno de los Homosabios, donde se
grafica la aprehensión consciente del ser humano de este periplo vital, cuya
madeja dialéctica lo connota como entidad determinante, si bien nunca omnisciente,
de su propia suerte.
Los dos restantes Homosabios
prefiguran espirales tan alternativas e íntimas como pueden ser las tendencias
(meta)filosóficas generadas por el pensamiento, coincidentes, excluyentes,
complementarias a la larga, pletóricas de divisiones y constantes derivaciones
de intensidad fluctuante, mas, nunca de impecable rectitud hacia lo Absoluto
inconmensurable, nirvánico que (quizás) aguarda al final de la espiral
circular, de ángulos agudos o rectos.
Vladimir establece así, con Bestiario
Particular, una cartografía filosófica de peculiar abstracción poética,
donde se pueden dilucidar los diferentes status evolutivos del patrimonio
gnoseológico de la especie, no como etapas superadas unas por otras (la
metáfora, por la abstracción), sino como la convivencia orgánica, dialéctica,
entre pensamiento asociativo y pensamiento abstracto, poesía y filosofía, arte
y lógica, tal como interactúan en la mente humana de la cual no ha sido
desechada ninguna.











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